domingo, 23 de diciembre de 2012

Hippies en San Francisco

Hippies en San Francisco

Jan 1, 1960 - Jan 1, 1970
Se llama Hippie o Jipi1 a un movimiento contracultural nacido en los años 60 en Estados Unidos, así como también a los seguidores de dicho movimiento. La palabra hippie deriva del inglés hipster que solía usarse para describir a la subcultura previa de los beatniks (no confundir con Generación Beat), que también tuvo como base importante a la ciudad estadounidense de San Francisco (California) y su distrito Haight-Ashbury. Esta nueva subcultura heredó algunos valores contraculturales de la Generación Beat y en menor grado del naturismo alemán, y en determinados casos crearon sus propias comunidades intencionales.
Escuchaban rock psicodélico y folk contestatario, abrazaban la revolución sexual y creían en el amor libre. Algunos participaron en activismo radical y en el uso de drogas como la marihuana, el LSD y otros alucinógenos con la intención de alcanzar estados alterados de conciencia, en realidad una forma de rebelarse por la homogeneidad de conceptos que ofrece el Sistema. También buscaron formas de experiencia poco usuales, como la meditación. Debido a su rechazo al consumismo solían optar por la simplicidad voluntaria, ya sea por motivaciones hedonistas, espirituales-religiosas, artísticas, políticas, o ecologistas.
A finales de los años sesenta en EE. UU. los hippies constituyeron una corriente juvenil masificada, para después quedar pasada de moda (anticuada), pero las siguientes generaciones llamados neo-hippies mantendrían vivo al movimiento como una subcultura establecida en muchas formas y con nuevas generaciones hasta hoy. Así pues han emergido fenómenos como la Rainbow Family, la escena psytrance y goa trance o los deadheads y phishheads. En tanto pequeños enclaves de hippies originales y neo-hippies continúan desarrollando en parte este estilo de vida, aunque con algunas modificaciones, bien en la ciudad o en el campo. 
 
 
 
Nada desata con más fuerza la nostalgia que una vieja canción. Oigamos. Este lunes, a las 9 de la mañana, como si tocara un reporte de oficina, me llama a los años Édison Palomeque, antiguo compañero de Sociología y de los chupes estudiantiles en el Bar Silvia, frente al cine Colón. “¿Sabes quién se murió?”, dispara por el celular. Me quedo helado, esperando lo peor ahora que se está muriendo la gente que antes no se moría. “Scott McKenzie”, pronuncia, y yo paso del hielo al desconcierto pensando que se ha vuelto loco: lunes, 9 am, un nombre de whisky…¿quién diablos es Scott McKenzie?, ¿el director de cine que se acaba de dar el vire de un puente de Los Ángeles? “No, el que cantaba San Francisco, tu canción del Bar Silvia”. Entonces irrumpe por la ventana de la memoria el viento lejano de la juventud y vuelvo a sentir el olor de la fritada y el sabor dulzón del ron con cola y veo girar por enésima vez, tras el vidrio abombado de la rockola, el disco de 45 rpm donde alguien canta “If you are going to San Francisco…” Digo ‘alguien’ porque nunca supe el nombre que me recuerda el Palomeque, antes de rematar con un “asomaraste para tomar una biela”. Asomado mismo estoy, pero al abismo de otra generación perdida. (¿Cuál no lo es?) Pésima manera de empezar la semana ahora que es tan fácil escapar, con un toque al mouse, del texto en el que estoy trabajando al mundo del YouTube y pulsar en la clásica, ilusionada, inigualable versión de Scott McKenzie, interpretada en Monterrey en 1967, un año antes de que yo llegara casi por accidente a San Francisco de California, dizque a estudiar matemáticas puras, pobre de mí, en el año más duro del movimiento hippie y en el ‘college’ más rayado y rebelde de los Estados Unidos, donde quemaban la bandera y quemaban hierba y copulaban en los rincones, ‘make love, not war’, contra Lyndon Johnson y la guerra imperialista en el Vietnam. “There is a whole generation/ with a new explanation/ people in motion”, continúa McKenzie, cantando mejor que nunca ahora que está muerto y el hippismo y la revolución no son más que eso, canciones añejas que reviven una y otra vez el romanticismo rebelde de los años sesenta porque nadie después ha podido generar mitos que tengan el poder universal de los Beatles y el Che Guevara. No en vano las Olimpiadas de Londres abrieron con Hey, Jude entonada por el mismísimo Paul McCartney y cerraron con Imagine y la cara de John Lennon en pantalla gigante, mientras en las tarimas políticas de América Latina ‘tu presencia, comandante, está viva en la memoria’ con la foto más vista de la historia. Pues en la onda de ese gran sacudón cultural se inscribe la canción de San Francisco, ciudad mítica de la Generación de las Flores. Para recuperarlo todo de golpe basta con ir al YouTube. Después hablamo
 
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Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/pablo_cuvi/himno-hippie_0_761324028.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
Un himno hippie Tiempo de lectura: 3' 18'' No. de palabras: 533 Pablo Cuvi Viernes 24/08/2012 Nada desata con más fuerza la nostalgia que una vieja canción. Oigamos. Este lunes, a las 9 de la mañana, como si tocara un reporte de oficina, me llama a los años Édison Palomeque, antiguo compañero de Sociología y de los chupes estudiantiles en el Bar Silvia, frente al cine Colón. “¿Sabes quién se murió?”, dispara por el celular. Me quedo helado, esperando lo peor ahora que se está muriendo la gente que antes no se moría. “Scott McKenzie”, pronuncia, y yo paso del hielo al desconcierto pensando que se ha vuelto loco: lunes, 9 am, un nombre de whisky…¿quién diablos es Scott McKenzie?, ¿el director de cine que se acaba de dar el vire de un puente de Los Ángeles? “No, el que cantaba San Francisco, tu canción del Bar Silvia”. Entonces irrumpe por la ventana de la memoria el viento lejano de la juventud y vuelvo a sentir el olor de la fritada y el sabor dulzón del ron con cola y veo girar por enésima vez, tras el vidrio abombado de la rockola, el disco de 45 rpm donde alguien canta “If you are going to San Francisco…” Digo ‘alguien’ porque nunca supe el nombre que me recuerda el Palomeque, antes de rematar con un “asomaraste para tomar una biela”. Asomado mismo estoy, pero al abismo de otra generación perdida. (¿Cuál no lo es?) Pésima manera de empezar la semana ahora que es tan fácil escapar, con un toque al mouse, del texto en el que estoy trabajando al mundo del YouTube y pulsar en la clásica, ilusionada, inigualable versión de Scott McKenzie, interpretada en Monterrey en 1967, un año antes de que yo llegara casi por accidente a San Francisco de California, dizque a estudiar matemáticas puras, pobre de mí, en el año más duro del movimiento hippie y en el ‘college’ más rayado y rebelde de los Estados Unidos, donde quemaban la bandera y quemaban hierba y copulaban en los rincones, ‘make love, not war’, contra Lyndon Johnson y la guerra imperialista en el Vietnam. “There is a whole generation/ with a new explanation/ people in motion”, continúa McKenzie, cantando mejor que nunca ahora que está muerto y el hippismo y la revolución no son más que eso, canciones añejas que reviven una y otra vez el romanticismo rebelde de los años sesenta porque nadie después ha podido generar mitos que tengan el poder universal de los Beatles y el Che Guevara. No en vano las Olimpiadas de Londres abrieron con Hey, Jude entonada por el mismísimo Paul McCartney y cerraron con Imagine y la cara de John Lennon en pantalla gigante, mientras en las tarimas políticas de América Latina ‘tu presencia, comandante, está viva en la memoria’ con la foto más vista de la historia. Pues en la onda de ese gran sacudón cultural se inscribe la canción de San Francisco, ciudad mítica de la Generación de las Flores. Para recuperarlo todo de golpe basta con ir al YouTube. Después hablamos

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/pablo_cuvi/himno-hippie_0_761324028.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

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